Ideas para ir a la playa con niños

Qué divertido es ir a la playa. Para los niños es un verdadero parque temático, lleno de posibilidades de diversión: bañarse en el mar, construir un castillo de arena, hacer un agujero, correr, jugar a las palas… Es muy raro ver a un pequeño aburrido en la playa. Quizás por eso, y porque también a los adultos les viene muy bien la brisa marina y un baño de sol, buena parte de las horas de ocio del verano pasan entre el mar y la arena.

El problema llega cuando la visita a la playa, inicialmente pensada para liberar estrés, se torna en una sucesión de retos imposibles que dejan a los adultos más cansados que cuando salieron de casa: cargar con los juguetes, limpiar arena de los lugares más insospechados, vestir y desvestir a los peques…

En Con los Peques ya te ofrecimos algunos consejos para que las visitas a la playa fueran seguras. Ahora te contamos algunos trucos para que también sean más cómodas:

Bote de talco para la arena

La arena está en manos, pies, cara, dentro del bañador… En algunas ocasiones se pega tanto que nuestro empeño en sacudirla con las manos o con la toalla resulta inútil. Ni el agua (para quienes se dejan enjuagar) parece tener efecto. Para estos casos, los polvos de talco de siempre son un remedio que nunca falla. Un poco de talco sobre la piel, y la arena se desprende sola, casi por arte de magia. Y deja, además, un olor muy agradable. Así que no te olvides de tu bote de talco en la bolsa de la playa.

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Una bolsa de rejilla para los juguetes

El cubo, la pala, el rastrillo, los moldes de plástico, las palas, las pistolas de agua… Todo acaba igual: lleno de arena. A lo mejor aquí también funciona el polvo talco, pero sería un desperdicio importante tener que rociar con talco todos los juguetes de playa después de cada visita. De modo que lo mejor es un buen enjuagado en la orilla, y listo. Pero como siempre queda algún resto de arena que, por cosas del destino, acaba en la bolsa de la playa y luego en el coche y en la casa, lo más útil es llevar una bolsa de rejilla para transportarlos. Así podremos sacudirlos una vez que estén guardados, e irán dejando la arena por el camino, en lugar de transportarla a casa.

Piscinas para los bebés

¿Tu bebé es demasiado pequeño para meterlo en el mar? ¿No le gustan las olas? Y sin embargo, está muerto de calor y chorreando de sudor. Pues no hay problema: una pequeña bañera (puede ser hinchable o de plástico) o una piscinita pequeña le servirán de oasis en la playa. Llénala con agua del mar (¡no olvides un cubo!), y tendrás un bebé feliz.

Papel de magdalena para los helados

¡Un polo! ¡Un helado! Qué rico. Y qué pringoso. Vale, es posible que en la playa nos dé un poco más igual que se llenen hasta el codo de helado derretido, porque siempre se pueden dar un chapuzón. Pero si el polo es la guinda al día playero, con los niños ya limpios y con una muda impoluta, esos goterones son más difíciles de llevar.

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Para minimizar los daños puedes poner un papelito de los que se usan para hacer magdalenas como base, pinchando el palo del polo en él. Así, lo que vaya goteando se quedará en este recipiente.

Una sábana bajera en lugar de una toalla

Más soluciones para familias que no soportan llenarse de arena hasta las orejas. Sobre todo, si los peques aún no se mueven mucho y queremos dejarlos un ratito en el suelo, para que se divierta, pero sin que acabe comiendo arena. La opción más normal es posarlo sobre una toalla. Pero tarde o temprano, la arena llegará. Una forma de evitar estos accidentes es utilizar una sabana bajera de las ajustables, y fijar sus extremos con la bolsa de la playa, la nevera… De esta manera conseguimos una especie de fuerte, no muy resistente, pero lo suficiente para que la arena no entre por accidente.

Chanclas con pegatinas

Es hora de irse de la playa. Toca recoger, sacudirse la arena, vestirse… Si la excursión incluye varios peques, sólo en ponerle la ropa y los zapatos se nos va un buen rato. Invítales a que colaboren. Te quitarán trabajo y les ayudará a hacerse más autónomos. Y si les cuesta ponerse las chanclas porque no saben en qué pie va cada una, ayúdales poniendo pegatinas en las suelas: coge una pegatina llamativa, córtala por la mitad, y pon cada una de ellas en una chancla. Así la tendrán que poner en el lugar adecuado para reconstruirla y sabrán en qué pie va.

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